La Coctelera

Visión de futuro

Cogeré todos estos pedazos, que son míos y sólo míos ahora, los guardaré en un saquito, los agitaré para que se mezclen, me volveré un poco distinta y me dejaré crecer dentro, y cuando el saquito se quede pequeño, que será enseguida, saldré de él con unas piernas larguísimas por delante.

Y entonces empezaré a patear culos, con todo mi amor.

Nadadora

Alguien compartió conmigo este poema, de Ada Salas, a través del blog de Manuel Vilas. Y es una auténtica preciosidad.

Como el buen nadador no lucha
con el agua. Extiende un brazo y crece
en ese gesto
y luego
trae el agua hacia sí
batiendo con los pies sin casi hacer espuma
y luego el otro el brazo
en una entrega
parecida al amor
– sin ninguna tensión y con todos
los músculos
activos
sin embargo –.

Escuchando en el agua lo que en el cuerpo
es agua. Naciéndose
en el agua.

Nadándose a sí mismo.

Justo entonces, aquel día, mientras leía esto, sonaba en mi ordenador la canción "Long Distance Swimmer" de Adrian Crowley. No encuentro la letra, es igual, la estaba oyendo y tenia todo el sentido del mundo. Y es que me queda una enorme distancia por recorrer, yo, sola, con el agua al cuello pero sintiendo también el agua de dentro, y nadar, contra una corriente que no elijo, poco a poco, brazada a brazada, por mucho que me canse. De todas formas, luego, cuando vea tierra en el horizonte, cuando encuentre un tronco flotando, cuando salga por mis propios pies, podré (de eso no hay duda) secarme al sol.

De momento por hoy, es más que suficiente.

Atasco en la Castellana

Me atiborro de regaliz rojo en el segundo taxi de consolación de la mañana. El taxista hace los coros al Dúo Dinámico mientras da golpecitos en el volante. Y qué cantidad de mierda hay en esas letras, madre de dios. Quisiera ser el eco de tu voz para poder estar dentro de ti. Esto, oído a tres voces después de ir a una sesión de llanto con mi psicóloga, me hace pensar en lo equivocados que estamos. Hasta que dejamos de estarlo, claro. En fin, que aprieto el botón de "todo lo que me lo ponga más fácil" y después de 25 regalices y 25 euros en transporte, decido que los espaguetis serán con setas y salmón, me compro un nuevo tratamiento capilar y cuatro yogures de pera y me planteo seriamente un fin de semana en Aravaca. Qué le vamos a hacer, si mi plato de ducha no da para baños relajantes, tendré que buscarme una bañera.

The End

The End

365 palabras

El 2009 fue el año en el que aposté todo lo que tenía, y esta vez -¡por fin!- lo aposté por mí. Cambié de ruta (quitando previamente el exceso de chinchetas en el mapa), dejé que mi pelo creciera solo, a su aire, en su tono original. Me reconocí, duramente. Se acabaron los disfraces. Fue el año en el que salí de mi cabeza, me miré desde fuera y entendí un par de cosas. Descubrí una enorme montaña de mierda, la bajé trepando y sentí demasiado frío. Casi se me secaron los ojos, perdí más de ocho kilos de peso y tiré a reciclar varios sacos de piedras.

Y es que en los primeros meses me costó vivir, me dejé ayudar, hice daño. Después fue como levantarme de una torpe caída. Como si me hubiera caído de culo, estrepitosamente. Menos mal que suelo reírme en estos casos. Me sequé la cara, te miré a los ojos, hicimos el amor. Todo volvió a encajar fácil, suave; como un mecanismo natural de carne y aire, fiel como un reloj. Comprendí la casa, comprendí tus pantalones arrugados en el suelo, comprendí que tú también apostabas fuerte, comprendí tu forma de doblar calcetines y esa forma de tender la ropa, esparcida, para que se seque antes. Comprendí tu boca como queriendo decir algo, pero siempre callada. Me acostumbré a dormir en simetría, a despertarme con el café hecho, a deslumbrarme con tu sonrisa descomunal, a sincronizar subtítulos. Fue el año en el que plantamos un bosque de árboles frutales. En el que los cementerios indios acabaron siendo hogares.

Me volví loca, perdí el control y lo recuperé, y me volví loca otra vez, pero de alegría. Varios proyectos, como lo de mostrarme, lanzarme sin complejos, mojarme bajo la lluvia, inventarme recetas. Dos cuadernos de ideas coloristas, un puñado de gente que se hace grande, dieciocho retratos cuadrados, mucha música, ornitología familiar, una nevera encantada, un par de tomaduras de pelo, fotos, gazpachos y sopas. Un embarazo y un parto. Mi conmoción. Fue el año en el que sentí mi propia vulnerabilidad con un bebé en los brazos. El año en el que vi nacer algo maravilloso, todos los días.

2009

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Octubre

Octubre sabía, claro está, que la accion de terminar una página, de terminar un capítulo o de cerrar un libro, no ponía fin al cuento. Habiendo admitido esto también admitió que los finales felices nunca costaban de encontrar: "Sólo es cuestión, explicó Abril, de encontrar un lugar soleado en un jardin, donde la luz sea dorada y la hierba suave, un lugar donde descansar, abandonar la lectura, quedar satisfecho".

de "El Hombre que fue Octubre", G.K. Chesterton. Biblioteca de los Sueños.

Leído, a su vez en The Sandman: Estación de Nieblas, de Neil Gaiman

(*) "costaban de encontrar" es una construcción que me duele a los ojos. Igual son cosas mías, pero en fin, así lo he leído y así lo he copiado.

(*) el libro donde se supone que está este párrafo no parece existir por más que busco... si alguien sabe algo, me encantaría enterarme.

(*) esta cita la tenía en borradores desde hace muchos meses, casi un año, quizá. Y la rescato ahora, porque yo qué sé. Quizá por el momento. Quizá por las pelis que veo últimamente.

Mateo

El día 15 de noviembre nació Mateo. 3 kilos y 700 gramos. 53 centímetros de cosa bonita. Pudimos ponerle un atuendo blanco con letras azules esparcidas.

Mateo tiene los ojos chinos que le cruzan de lado a lado la cara, y a veces mira muy fijamente. A Mateo le gustan sus manos, del derecho y del revés. Tiene manos de gigante y se las come por los nudillos.

Su cabeza está coronada de pelusilla rubia y su piel es sonrosada. Orejas gorditas y nariz sobresaliente. Saca la lengua como una tortuguita somnolienta. Sus dedos de los pies son, oficialmente, los dedos más largos del mundo.

Andrea, su madre, estaba radiante y todas esas cosas cursis que se dicen de las que son madres, pero más y mejor, porque es mi hermana. Julio, el padre, separó (una a una) decenas de lonchas de jamón ibérico, y le preparó un bocadillo.

El día 15 de noviembre Mateo me miró fijamente con sus ranuras chinas y me agarró fuerte por dentro. Hoy vuelvo a verle, a ver qué tal le ha ido la semana.

Yo también quiero un ukelele

Quiero un ukelele de ukekosas from María Ysasi on Vimeo.

Lo cuelgo por si alguien más quiere participar... El plazo de colgar vídeos termina el lunes! Más información, aquí.

:D

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