La Coctelera

Categoría: egotrip

I Heard You Looking

He leído cosas de las que me dejan callada, últimamente. Leo y leo, cosas de segunda mano o vírgenes, famosas y escondidas, qué sé yo. Ni siquiera sé explicarlo. Estoy leyendo todo el tiempo que puedo, aunque últimamente, como ya estoy en Madrid de nuevo, vuelvo a olvidarme de leer y voy como una máquina, estoy programada para levantarme, desayunar, trabajar, transportarme, comer, hacer listas, no cumplirlas. Me esfuerzo en ir corriendo cada tarde cuando suena el teléfono, pensando que para qué tendré yo ese teléfono aparte de para joderme la conexión a Internet. El 3% de los casos llego a tiempo, y el 2,98% de ese 3% se trata de una máquina llamándome (esto siempre me ha parecido escalofriante), y diciéndome que si quiero conocer las ofertas de mayor cobertura de Internet pulse 1. Pues mire, lo primero para mejorar mi cobertura es que deje usted de llamarme, con todos mis respetos. Pero ya estoy divagando. A lo que iba. Además de leer lo que son palabras escritas, leo música y tal. Pero no voy a seguir por ahí porque me rechina el tonillo pretencioso hasta a mí. El caso es que veo que la gente hace cosas maravillosas. Quizá pueda resumirse así, sí.

Y siempre me pasa igual, esto, lo de escribir. Resulta que lo echo de menos. Escribir. Y que sea algo que fluya más natural. Ahora me siento y apenas me salen construcciones lógicas, o si es que al final salen, resulta que no tienen nada que ver con lo que tenía en la cabeza. Y tengo celos, sí. Envidias medianamente sanas, de la gente que sigue escribiendo. Porque yo sé que sigo teniendo todo eso en mi cabeza (entendiendo por “eso” una gran masa deforme y mutante que aplasta poco a poco mi capacidad de comunicación hacia las paredes, dejándola como una mancha que alguien podría mirar para luego decir cualquier frase que empezara con “pues yo creo que el autor quería reflejar…” y que lo que siguiera, por supuesto, estuviera a años luz de cualquier cosa remotamente cercana a lo que el autor quería reflejar -joder, ya estoy con los paréntesis infinitos, no hay quien me pare-), y me prometo a mí misma que sigue palpitando fuerte. Incluso a veces, sobre todo cuando estoy apunto de perder la noción del conjunto total, se me ocurren ideas fantásticas que como mucho llenan un dibujo, porque no dan para más. Porque se esfuman. Porque no saben mirarse al espejo y decirse a sí mismas que molan, las muy idiotas.

Y me pregunto muchas veces al día de qué va mi rollo, o si hay necesidad siquiera de catalogarlo. Bah, mi rollo. Qué basura es ésa. Me pregunto también qué hago mal y qué hago bien, todo el tiempo. Al final concluyo pensando que soy un ser mediocre y simpático, y otras cosas medianas. Y sobre todo, y lo que verdaderamente más pesa, me pregunto si mis acciones vienen por los motivos correctos. Pero qué cojones. En cada momento van saliendo las palabras, los haceres, las ausencias, las carreras. Estoy acostumbrada a dejarme vivir, al final. Por eso me jode tanto ponerme quisquillosa. Y de nuevo aquí está otro trozo de cerebro, aunque yo sólo vea leche condensada. Menos mal que la semana que viene voy a cruzar el gran charco. Quiero librarme de todo esto, allí. Tengo todas las esperanzas puestas en Cuba.

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(*) El título es una canción de Yo La Tengo que está sonando ahora mismo y que funciona con delicadeza a pesar del guitarreo.

Moleskine #2: Viaje

Moleskine #2: Viaje

En el TREN me

gusta ponerme

M E L A N C Ó L I C A

P E R D I D A y por

eso prefiero

V I A J A R

S
O
L
A...

... además hay lugares extraños que sólo ves así:

Muros vacíos, hierba amarilla, lagos rosados, casas solas, niños que disparan al aire, coches con las puertas abiertas, hierros torcidos, cantantes bilingües, envidias cochinas, vestidos vaporosos, asociaciones de ideas, canciones perfectas, prohibido el paso, claros de luna, bolas de fuego, promesas, errores sin sentido, zapatos rotos, velocidad revertida, días que quedan, espacios que sobran, montaña oscura, piano violento, canción de cuna, tinta indeleble, punta bien afilada, órganos vitales, vertederos limpios, sofás boca abajo, bocas que se contradicen, ganas de besar, alas de cojines, rebecas con olores vegetales, cordones desatados, cabellos oscuros, túnelesperanza, ésas fábricas, ciertas oportunidades y puertos llanos.

Moleskine #1: Puedo

Moleskine #1: Puedo

Ser o estar

Estoy plagando de colores las paredes.
Estoy probando el formato postal.
Estoy borrando y borrando encima.
Estoy a dos minutos de empezar.
Estoy cansada sin hacer nada.
Estoy contenta sin euforia.
Estoy siendo nueva para mí.
Estoy escribiendo en casillas blancas.
Estoy temiendo lo peor.
Estoy comiendo sano.
Estoy secándome un lado de la cara.
Estoy cerca de estar aquí.
Estoy sentada en el sofá.

Fotomatona

Introduzca las monedas y elija el formato.

...

Elija color o blanco y negro.

...

Colóquese en el interior del círculo, haciendo girar el taburete.

...

(gira, gira, gira, gira... un poco menos... así)

...

Primer disparo... ¡fitsk!

...

Segundo disparo... ¡fitsk!

...

Tercer y último disparo... ¡fitsk!

...

Elija la foto que desea imprimir y pulse el botón verde.

...

Sus fotos estarán listas en 40 segundos.

Fotomatonas

Esta máquina se encuentra temporalmente fuera de servicio. No dude en llamarnos al número que aparece en pantalla. Disculpe las molestias.

Ornitología

Esta vez, de todas las veces. Porque siempre es lo mismo, siempre, sin excepción. Ya me lo han dicho clarito, entre líneas, alguien que sabe mucho. El tiempo es una variable estúpida. El tiempo no pasa, ni se detiene, ni retrocede. El tiempo es una variable jodida. Y la vida es una lianta. Estoy en una cinta de correr en un gimnasio al que no me quiero apuntar. La velocidad de la cinta es inversamente proporcional a la de mis inquietudes, pero no hay quien la pare. Y no dejo de correr, y subo la música, y presiono todos los botones. Todo lo que tengo que decir, todo lo que se va construyendo en mi cabeza y anida por aquí dentro, todas esas estructuras de nata montada, temblorosas; tan pronto aciertan como marean, y me canso una barbaridad. He pensado en apretar esta pelota como si fuera un juguete antiestrés. Voy a apretar también los dientes y el culo; los primeros porque me bailan histéricos sin ton ni son, formando frases o carcajadas, y el segundo porque últimamente no hay quien lo sujete, y cada dos días se me resbala. Relaja, suena en mi cabeza. Relaja, me dicen todos. Relaja, me digo, y lo añado a mi lista de mantras de repetición.

Lo confieso; estoy a medio hacer. Doy rodeos en un caminito lleno de piedras, que saltan con mis tropiezos y levantan mucho polvo. Y el polvo, con mi cansancio, me irrita la mirada y me pierde un poco, lo justo para dar una vuelta más, sin darme cuenta de lo que hago, y vuelta a empezar. A veces pienso que fuerzo la caída, de alguna manera. Nado en círculos, con un movimiento de piernas absurdo. Ahora abro, ahora cierro, ahora abro, ahora cierro. Como cuando me recojo el pelo en una coleta y tardo dos minutos en quitarme la gomilla. Porque tira para detrás, y duele, porque tira para lo otro, para justo lo contrario de lo que estoy haciendo. Lo confieso; vivo amagando e indecisa. Tengo muchos pedazos de tela mal hilvanados, soy un puñado de frases sin terminar y pensamientos peonza. Dejo mis asuntos pendientes y me pruebo unos pendientes que me ponen rojas las orejas. Siento la pelusilla de mi piel y todo lo que digo lo exagero de corazón. Me agota mi propia intensidad y la facilidad con la que se me abren todos los grifos.

A puerta cerrada y con la cena digerida, estoy abriendo mis ventanas de par en par. Las cosas, ahora, en mi cabeza, son a ratos añil y a ratos naranja. Como las mandarinas que explotan en las manos y el mar adentro. Me vuelvo ácida, acuática y un poco tontita, al instante. Me desenrollo sin poner cuidado con los pliegues. Creo que algo está a punto de entrar en combustión y cada vez que me miro al espejo siento miedo. Me gustaría ser como mi padre y llegar a ese punto en el que todo mi interés se concentrara en buscar pájaros y observarlos de lejos. Sin más.

La noche del calamar

Listo para la inmersión, el buzo se mete en la cápsula especial, mirando por el ojo de buey, a solas con sus pensamientos. Le rodean millones de calamares adultos, que se estrellan contra su cubierta y rebotan. Pequeños jets de propulsión, a velocidades extremas. Es la noche del calamar. Una reunión imprevista, con el mismo número de hembras que de machos, dispuestos a pasar horas disfrutando de una orgía por todo lo alto. Bailan, dejando flotar su tinta como fantasmas diáfanos, para confundir a sus depredadores. Los proyectores y focos de las cámaras submarinas deberían hacerles huir, pero ocurre justo lo contrario.

Los calamares han venido desde muy lejos para cumplir una única misión, la de engendrar vida. Son criaturas de otro mundo, de un mundo que existió hace doscientos millones de años. Se cuelan en las hélices, en los motores, y con tan sólo una docena de cuerpos blandos pueden detener un barco de más de dos mil kilos. Los calamares bailan obsesionados, en una fiesta de éxtasis, violencia y agonía. Se caracterizan por su amor delirante, siendo la poligamia y los encuentros a tres, algo más que habitual.

Durante los frenéticos movimientos de acoplamiento, en el colmo de la excitación, los calamares cambian de color, tornándose rojizos y marrones, con vetas que les recorren todo el saco. Incluso llegan a emitir luz, una luz frenética. Después del apareamiento, las hembras dejan sus vainas llenas de huevos atadas a las algas del fondo. Se dejan ir, sin fuerza. Los machos sólo interrumpen el sexo y los embistes para devorar a sus mujeres. Al día siguiente, lo único que se puede ver en el fondo del mar es una alfombra blanquecina de cadáveres exhaustos.

El primer gesto de un calamar recién nacido es soltar una nube de tinta. Al nacer miden tan sólo tres milímetros, pero en cuanto salen del huevo nadan con maestría. Tienen un instinto ciego, irresistible. Se concentran en una ridícula danza infantil, repetida miles de veces, como preludio de un nuevo intento de conquista masiva de los mares.

Cal-a-mar

Sigo haciendo dibujos, sobre lo que ya está dibujado, que soy yo, esto, los tentáculos, y ahora recuerdo o me recuerdan que lo que tengo se llama cloaca y pienso que suena feo y al mismo tiempo musical. Dibujo sobre un boceto de mí misma, entendiendo medias verdades, tragándome mi propia tinta, la de la autodefensa, quizá, la tinta que antes empapaba cuadernos y que ahora sólo colorea mis pupilas, por dentro.

Cal-a-mar

En estado semiausente, muy callada, repaso los contornos y el dibujo no me es fiel, salvo en contadas ocasiones, cuando los garabatos son un caos y apenas se adivinan las formas. Es entonces cuando hay más yo, cuando lo hago sin detenerme, sin copiar, sin buscar referentes. Cuando lo único que queda es esto, un calamar o algo que se le parece, y las ganas de detener este bailecito, este nadar en círculos, sin poder adherirme a ninguna roca, por el desgaste de mis ocho brazos escurridizos, por el suave tacto de mi piel, que apenas lo alcanzo y se me escapa.

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