Esta mañana cuando aún me faltaba media hora para que sonara mi despertador (ese maldito bastardo), Rosa me ha llamado a la puerta. Salgo y me encuentro con que abajo de nuestra casa ha habido un accidente de la ostiaputamecagoendiosquéfuerte.

Nadie ha salido herido pero resulta que dos latinoamericanos (eso he oído) se han comido un ford rojo antiguo, de esos que seguro que tienen valor sentimental, y lo ha empotrado contra la pared. Por allí pasaba una chica a la que casi atropellan, que ha lanzado un grito que se ha oído hasta en mi subsconsciente. Ella ha llamado a la policía y ellos han salido del coche y se han ido corriendo. Han dejado todo allí, incluída una litrona...

Lo peor ha sido para el pobre dueño del ford rojo, de claro valor sentimental, seguramente es un coche que lleva años en la familia y en el que perdió su virginidad. Ha llegado el chico (muy guapo e interesante, todo sea dicho) y ha flipado. Normal. No paraba de decir "pero si estaba allí!" señalando el lugar desde donde ha salido volando su querido ford rojo.

Por cierto, qué buenísima es Crash, hablando de la película ahora.

El coche estaba destrozado, así como una señal de tráfico y parte de la pared del edificio. Ha ido a parar al lado de la peluquería, donde seguro que las clientas de la permanente y las mechas tienen tema de conversación para todas las mañanas que les restan.

Total, que he hecho fotos y todo. Igual que todos los que estaban asomados a las ventanas de los edificios colindantes. Porque el morbo nos puede a todos, amigos.

Y así ha sido mi despertar. Vivo en un barrio lleno de aventuras...