El otro día se me cayó sin querer el alma a los pies y la pisé, tropezando con ella. Luego la barrí para casa que es donde tiene que estar. Conmigo.

Me gusta mucho decir Estoy en casa. En casa. Mi casa. Mía.

Yo.

Y para qué añadir nada más.

Y sí, ese edificio tan castizo a punto de caerse es mi casa. Y me gusta tal y como está.