Trayectos que antes se tardaban en hacer media hora, con las soluciones por parte del Ayuntamiento de Madrid (por las obras de la dichosa línea 3) ahora se tarda una hora entera. Qué bien se va en la lata de sardinas más lenta y calurosa del mundo.

Total, que he salido a las 9 de casa y he llegado a la ofi a las 11 (no echéis cuentas, yo sé de lo que hablo, no tenéis ni puta idea).

Al menos Juanjo me pasó una novelita suya para que me estrenara con sus novelitas y me he apañado muy bien en el viaje. Se me ha pasado el tiempo volando. Es genial conocer a gente con talento que te deje disfrutar de sus criaturitas.

Y anoche hubo dramón culebrón y más cosas terminadas en -ón en la casa de mis vecinos peruanos. Quizás lo cuente luego, quizás no. Pero ahí estábamos, Rosa y yo, después de ver La Ventana Indiscreta, con las orejas pegadas a la pared de mi cuarto abriendo muchos los ojos con según qué cosas teníamos la suerte o desgracia de oír a través del tabique.

Somos cotillas, sí. ¿Algún problema? Además, ya que no me dejan dormir, por lo menos tendré que enterarme, ¿no?

Voy a seguir imprimiendo pegatinas y sobres con loguitos en la estación multifunción.

Nos vemos en el universo papelero. En un par de horas.