Desde Santurtzi a Bilbao
El día que decido no salir con sudadera ni jersey, el día que decido darle un respiro a mis pies y hacer un nuevo intento de andar con sandalias... ese día va el cielo y decide que llueve.
La lluvia inesperada y el viento revoltoso... me hacen necesitar algo de abrigo. Un par de conversaciones, tres fotos y la humedad del ambiente me transportan al mar Cantábrico, a las tardes de bolos, a no ver la película que proyectan en el centro comercial...

La lluvia me trae el olor de las olas, la arena y la piel, de las barbacoas y las guitarras, de montar en moto, de los idiomas extraños, del hockey, de los pañuelos al cuello, de los largos viajes y sobre todo; me devuelve la sensación maravillosa de lo que fue descubrir algo por primera vez.
Gracias. Sigue estando por ahí, por favor, me encanta.

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