Cumplí el tópico español que más critico: Los españoles cuando hay algo gratis, sea lo que sea, allá que van. Aunque no lo necesiten, no lo quieran e incluso lo detesten, allá que van.

Vi en una esquina al lado de la tienda a unas chicas no muy monas haciendo promoción de nosequé. Pasaba de casualidad

de momento no miento

y vi que daban descuentos de gazpacho envasado y dos botecitos de muestras gratuitas del mismo producto a cada español que se acercara a verlas sonreír.

Eran las 18:00. No me apetecía ni de coña un gazpacho. Y menos de los de bote, que saben a zumo de tomate revenío. Pasé de largo

y sigo sin mentir

pero cuando iba por la mitad del paso de cebra para alejarme de la oferta me paré en seco. Y parada en mitad de la calle, oyendo de fondo a los conductores pitarme como posesos

ahí no miento pero exagero, un poco... además nunca vi a un poseso tocar el pito... ni tocarse el pìto. O quizás eso sí.

pensé "Qué cojones, es gratis".

Argh. Muerte. Destrucción.

Allá iba con mis dos dosis individuales de gazpacho que no me apetecía para nada. Me sentí estúpida pero no me traumaticé. Seguí adelante con el plan divino. Hice lo que todo el mundo haría en ese momento(y de hecho, lo que todos los que se llevaron muestras hiciceron).

Me bebí el gazpacho.

Y efectivamente era repulsivo.

Cuando llegué a la tienda confesé mi pecado a Óscar, mi simpar compañero de batallas, que como está mandao se descojonó de mí un rato, y rechazó la segunda dosis, que ofrecí acto seguido a la señora de la limpieza que me miró con cara de evidente asco.

Me avergüenzo de mí misma. Tuve que tirar la segunda dosis a la papelera (evidentemente eso no iba a llegar sano a mi casa) con la consiguiente sensación de culpa y humillación supina.

Y la verdadera cuestión es... ¿Gazpacho y Mochilo... siempre van con Pincho?