Mi herpano Ignacio cumple años este caluroso 26 de junio. Cumple 29 pero dice que no se siente viejo.

Normal, es que no es viejo. Coño.

Total, a lo que iba.

Que quiero mucho a mi hermanito mayor, a pesar de que cuando éramos pequeñas me torturaba haciéndome unas caricaturas espantosamente crueles gracias a las cuales se crearon todos mis complejos, a pesar de que quemó, mutiló y colgó de un árbol a una muñeca de mi hermana Andrea, a pesar de que a veces nos crispamos los nervios y le digo cosas horribilis, a pesar de ser un zangolotino.

Y le quiero, le adoro y le admiro porque me gustan las cosas que hace, porque es un gran actor y un gran fotógrafo, porque me ha mostrado muchas de las cosas que ahora considero importantes para mí, porque tiene la increíble capacidad de hacer reír a cualquiera, aunque esté en la cima de su cabreo más rotundo (incluyendo a mi padre, ojo), porque me ha llenado y contagiado de cine, de música y de imágenes maravillosas, porque idolatra a gente como Paulina Rubio y Elvira (y se pone pesadísimo).

Porque puedo acudir a él cuando quiera, para lo que quiera. Porque desde hace unos años él acude a mí a contarme sus cosas y eso me llena de amor fraternal.

Porque estoy empezando a conocerle y me sobran las ganas de seguir haciéndolo.

Felicidades zangolotining.