Me siento afortunada. Porque yo, y sólo yo (bueno, alguien más, pero sólo unos cuantos privilegiados) conozco la verdadera apariencia del señor Alcachofa Azul.

La verdad es que no sabía a dónde dirigirme así que fui al Dj pensando que igual daba en el clavo, pero aunque no era él, gracias a dios sabía quién era el dueño del seudónimo. Porque si no, hubiera sido sin duda la pregunta más absurda de su vida.

¿Eres alcachofa azul?

El buen Dj me indicó el camino.

No voy a desvelar la identidad secreta de Mr Alcachofa, porque he leído muchos cómics y sé lo que eso jode. Pero me siento afortunada de haber compartido la pista de baile con tan ilustre personaje de la blogosfera. Qué giros, qué vueltas, qué quebrados, qué movimiento de pies, qué alboroto de melena.

Un espectáculo.

Y que curra al ladito de mi casa. Y que nos tomemos unas cervecitas.

Qué bonito.

Sorpresa. Grata Sorpresa.

El lugar del encuentro me gustó lo suficiente como para volver y como para recomendarlo. En la calle Pez, 2. El Hombre Moderno. Buena música para poperas y breakdancers y para una mezcla de ambos conceptos con toque de mosqueperro: el susodicho.

Y por fin bailé durante un par de horas, que ya tenía antojo. Porque me encanta bailar y pocas veces tengo una oportunidad como ésta. Calor y sudores de los que no molestan. La música me levanta y decide por mí. Y me siento viva. Y me parto el culo.

Hay noches en las que duermo (nada por aquí nada por allá) suspendida en el aire en perfecta horizontalidad.