Pues me he dado cuenta de que ir a media mañana en el puto autobús gratuito de los cojones (ése es su nombre verdadero, que no os engañen) es muchísimo peor que ir en hora punta mañanera (entre las 8 y las 10 de la mañana). Y yo que me llevo quejando dos semanas...

El vehículo, en lugar de estar lleno de gente que se dirige humildemente a sus puestos de trabajo a ganarse el pan, solidarizándose con tu calor y esa gotita de sudor temprana que baja por tu espalda, comulgando todos de un mismo sentimiento de resignación y fraternidad; está lleno de niñatillas que, cateadas o no, ya acabaron el insituto y van haciendo alarde de su edad del pavo y de la pava, camino de alguna piscina municipal a exhibir sus cuerpos turgentes, mientras te empujan y hacen que te tragues sus coletas de pelos alborotados por las hormonas revolucionadas.

Y ésa ha sido quizás una de las frases más largas que he escrito en mi corta vida.