El domingo por la mañana, para aquellos que no se han enterado, me voy de la capital. Abandono el reino. Me escapo de las garras de la ciudad. Me las piro. Au Revoir. Goodbye. Nos vemos. Atalué.
Ayer probé la mercancía que me llegó de Holland de parte de mi amigo Emilio, aunque en el remite ponía Jean Claude.
Es buena, sí señor. Tres hurras por Jean Claude.
Empecé el proceso y una vez en plena tarea llamé a mi catalizador de porros, aka Ricardo, a que propulsara mi yo interior en forma de risa tonta y relax de facciones. Funcionó. Porque mi catalizador es de primera categoría.
Luego me vuelvo una niña estúpida de 15 años viendo a Hugo Silva en Los Hombres de Paco. Pienso que si Pepón Nieto veranea en El Palmar... ¡¡igual él también se pasa unos días este verano!!
Heyyy, Huuuuuugo, tú por aquíiiiiii....
Con tales perspectivas no quepo en mí de gozo. Mi mente calenturienta junto con la perturbación carcajeante de la marihuana me hacen enloquecer.
Rosa me teme y se le nota en su mirada esquiva.
Luego duermo como un bebé.
Como un bebé de los que duermen, no de los que lloran toda la noche. Claro.

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