10 diciembre
¿Me da un campo de minas por favor?
Anoche creo recordar que soñé (los ratos que las toses, la zanja del sofá y los sudores fríos me dejaron) que tenía otro blog. Tenía un blog y lo estaba releyendo, y todo lo que leía me sonaba, como es lógico, porque era todo cosa mía. Era parecido a mi vida todo lo que estaba leyendo en ese blog salido de la nada, pero había datos distintos, reveladores, fascinantes, ingeniosos... Me gustaba mi otro blog, mis otras palabras, mi otra vida. Pero como casi siempre, no me acuerdo del sueño al completo. Sólo lo justo para putearme al despertar.
Me cuenta Josip una de sus historias; esas que son mitad mentira, mitad inventación con una pizca de basado en una realidad tergiversada por sustancias psicotrópicas. Pero que te las crees si la situación lo requiere. Y porque normalmente sí que parten de hechos verdaderos y comprobables, aunque no haya huevos de comprobarlos, claro. Aquí va la historia en cuestión:
Un bosnio se hizo con un campo de minas. Y surge la pregunta "¿Qué diantres...?". El tipo tenía un mapa con la colocación exacta de cada mina, de modo que las fue marcando de algún modo que sólo conociera él. Y plantó toneladas de marihuana en el campo de minas. Y las autoridades competentes del lugar se las veían putas para arrestarle. Al cabo de dos años le cogieron saliendo con mercancía abundante de su pequeño terreno letal. Se le acabó el chollo. Da qué pensar. Todo puede ser bueno, malo, peligroso o inofensivo según el uso que se le dé. Tengo que empezar a usar mi cabeza para que sea buena e inofensiva. Pero no tengo un mapa con las minas mentales señalizadas, por eso todas me explotan al pensar.
A los amantes de la medida mollón ya dada a conocer en este nuestro blog hace cierto tiempo (y que alguno de vosotros ha asumido como expresión perfectamente válida), añadimos una nueva capaz de medir el tiempo de una manera distinta:
Mingo: Dícese del tiempo que tarda un hombre en ponerse a pensar una vez lleva un mes sin pensar en nada. Más o menos un mingo son 50 meses. Todos los derivados valen: un mingo luz, un centimingo, un kilomingo, etc.
Todo fruto de la improvisación de una madre, una hija y un croata cuando madre y croata llevaban varios vinos y la hija pseudofebril se dejaba llevar dentro de una cueva con mesas y sillas. En Vejer hay que morir.
Y yo me voy allí esta misma tarde. A descansar cuerpo y mente.
Más de lo mismo aquí.

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