La bicicleta bonita es sustituida hoy por una moto amarilla fluorescente. Mal rollo. Y ayer no llegué a ver al dueño de la bici. Mala suerte.

Le he dado puerta a mi cuaderno-rojo-de-soltar-mierda para mudarme a mi cuaderno-azul-de-soltar-mierda. Ni siquiera me he despedido del primero. En él hay un año entero de mi vida, a intervalos, con ciertas lagunas, pero un año entero. El cuaderno azul empieza mojándose con el agua que cae de la botella mal cerrada de agua que llevo en el bolso. Mal augurio.

Nunca había escrito la palabra augurio. O al menos que yo recuerde.

Finalmente ayer me tiré la tarde en casa, dormí una siesta demasiado calurosa, me puse un café con leche muy frío en un vaso muy grande y casi me lo tiré encima haciendo alarde de la enorme torpeza que me caracteriza. Y vi cuatro capítulos de una serie que me ha dejado Mario, que se llama Veronica Mars. Sale Paris Hilton, señores. Pero quitando eso es bastante entretenida.

Odio ser torpe. Pero de eso ya he hablado alguna vez.

Lo único que conseguí hacer además de estar tirada fue bajar al súper de abajo (lo de súper es bastante irónico), a comprar muchos líquidos. Y beberlos todos con ansia.

Puto calor.

La tienda está aburridísima y pronto empezarán a cruzarla las enormes pelusas gigantes de las películas del oeste.

Me consuela haber soñado de nuevo que Robbie Williams y yo nos conocíamos de buen rollo y nos gustábamos desde el principio. Como es natural.

Canción del trayecto mañanero en autobús: Do you realize? de mis queridos Flaming Lips. Podéis oírla en la web.