Una pelusa junto a la ventana de mi salón gira y gira con el viento como aquellos peluches a pilas que nunca tuve. Eran ratones, ¿no?

Tengo un poco desordenada la casa. Un día de estos me tengo que levantar con el chip señora limpiadora. Como en aquella nota maravillosa que mi hermano pudo leer en un portal. Larga historia que sobre todo tiene gracia si la cuenta él.

No lo pude evitar y ayer me compré una camarita digital en oferta. 5.2 megapínreles. 139 euros. Son cosas que pasan. Derroches sin reproches. Al menos de momento.

Acto seguido empezaron las buenas vibraciones:

- Mi padre con un nuevo proyecto. En Vejer, junto al bar/segundacasa Trafalgar. Alquiler de dulces hogares y barecito. A ver qué pasa.

- Mi madre descansando en la Redondita con los perros, que es lo que más le hacía falta.

- Mi hermana que dice que Julio se parece a Kiefer Sutherland y eso me invita a reír y cachondearme un rato. Las ganas de mi cuñado, de envejecer como Jack Bauer...

- Un amiguito que me llama para un posible curro que me vendría genial, y para una quedada por el barrio vecino (ya que él es, a su vez o a mi vez, mi vecino) este finde, que anda de fiestas. Y eso me apetece mucho. Además creo que es un portento bailando con las manos, a falta de piernas.

Y hoy viniendo a la tienda, hago fotos de las que me gustan a mí. Retrato a mi amiga la bici sin dueño y a su hermana pequeña. Retrato a la moto fea que les quitó el sitio. Retrato pequeños detalles de mi tiendecina, que me gustan sin motivo aparente.

Y viene una joven guirirrubia y me pide un nosecuántos. Le ofrezco lo que más se le parece y me contesta “Voy a beber y ahora vuelvo”. Intuyo que habrá querido decir, “voy a ver” pero prefiero entenderlo tal cual.

Quien sabe.

Hoy va a estar bien. Hoy, sí.

Y podré colgar miles de fotos.