Llamo a mi padre para felicitarle por su cumpleaños (postpongo el post cumpleañero correspondiente, valga la redundancia) y tras un breve intercambio de palabras llenas de amol, me dice que tiene una buena noticia.

- Han cogido al tío que te pegaba por la calle.
- Hala, por fín…
- Sí, normalmente sabes que lo cogían pero lo soltaban, ¿no?, pues ahora lo van a meter en un psiquiátrico.
- Normal.

Pues resulta que no fue una, sino dos veces las que me crucé con este tipo, que parecía un vagabundo borracho inofensivo hasta que estaba a mi altura. Era entonces cuando me aporreaba la cabeza con los nudillos (primera vez) o me daba una patada en la espinilla con toda la fuerza del cosmos (segunda vez).

Ahora me entero que le llamaban El Loco de Los Remedios (que es un barrio de Sevilla). Lo chungo es que también se hacía Triana, Centro y demás zonas adyacentes a mi casa, así que fuera por donde fuera, allí me lo encontraba. Tras las dos agresiones, iba por la calle con mil ojos y cuando lo divisaba a lo lejos me cruzaba de acera y salía corriendo (no necesariamente por ese orden).

Total, que ya no me va a dar más coscorrones. Ni a ninguna otra mujer.

¿Qué decir?, pues tres hurras: Hurra, hurra, hurra.

De repente la palabra hurra deja de tener sentido para mí depués de escribirla cuatro veces ¿Qué coño significa hurra?

Y que me disculpe por tanto resentimiento.