Su tarjeta de presentación ya me parece suficiente para dedicarle un post.
Señores, ¡se trata de un gato cósmico!
Pero a lo que iba.
A pesar de difundir unos valores bastante repugnantes, lo cierto es que cada vez que veo un capítulo de esta serie flipo. Separando las sílabas: fli-po.
Hoy construían una ciudad en miniatura fotografiando las casas, echándole agua caliente a la foto y ¡plop! ahí tenías una réplica exacta del edificio a modo de maqueta.

De repente recuerdo ese momento en Zoolander...

Total, que montan una ciudad entera. Pero claro, les viene pequeña.
Entonces el puto gato cósmico saca el Túnel de Gulliver o algo con un nombre igual de estúpido, y entran por él. Y por el otro lado del túnel salen diminutos.
Hala. Una ciudad entera para cuatro críos. Pero ¿y lo bien que se lo pasan?

Quien tuviera un gato cósmico.

Oí/leí/vi en algún lugar que el último capítulo de Doraemon es una auténtica revelación. Por lo visto (eso oí/leí/vi) Doraemon sólo existe en la cabeza del niño con gafas. Se me ha olvidado su nombre. Pero tiene gafas. Y es bastante irritante. El niño, no las gafas.
Se me derrumban los mitos animados y mañana mi último día. Voy a rascar el boleto que me han dado esta mañana. Con suerte piso una mierda al salir.