Típico.
Lo de mis impulsos cabrones.
El último día me cabreo con la papelería, con la gente que mira desde fuera, con la gente que me pregunta sandeces. Me aburren todos y cada uno de los clientes que entran contándome la historia que esconde detrás la decisión de haber escogido un boli u otro. Me entran ganas de estampar la cara de algunos de esos clientes contra el mostrador cuando pretenden tener una charla amigable.
Y me entran ganas de hacer cosas feas.
Muy feas.
Será que es mi último día.