El día de ayer nació glorioso. Todo apuntaba a que iba a tener un buen día.

Por la tarde descubro con horror que las tiendas de chinos de mi barrio (las cuatro que hay) estaban cerradas (lo cual es una contradicción en sí misma). Acabo comprando pues una cafetera en el Día (Superdescuento). Una de esas de filtros de papel y goteo (sin filtros de papel, por el momento). La pongo a funcionar durante toda la tarde y el café sigue como estaba, seco y granulado; mientras que el agua reposa burbujeante abajo en la jarrita… Eh…Un momento… ¡Pero si hay que poner el agua arriba! Entonces me indigno conmigo misma y mi estupidez, pero me acabo riendo de ello y me propongo hacerlo bien. Aparentemente el café se comportaba como se espera del café en una cafetera (es decir, se hace), pero eso sí, gota a gota. Y goteando bastante fuera de la cafetera.

Luego vino el episodio de la lavadora (¿Qué les pasa a los electrodomésticos conmigo?). Decido lavar las fundas de los cojines de mi cama. Son azules con bordados de colores y algunos espejitos. Aprovecho y meto también la colcha amarilla de mi cama, y para rellenar, dos de mis camisetas favoritas (amarillas), un par de calcetines (amarillos), un par de paños de cocina (curiosamente amarillos también) y mis bragas de la suerte. Pero algo falla, no centrifuga, o no aclara, o no se vacía de agua. O todo a la vez.
Abro la lavadora y los cojines se han deshecho literalmente, y claro, los espejitos y los hilos varios han atascado el filtro del aparato. Por lo tanto, oh, vaya, no tengo cojines para mi cama. Ni cojones para reírme esta vez. Me fijo bien y... cagoenlaputa, los muy puñeteros han despintado. Mis camisetas favoritas son ahora de un verde muy feo, he tenido que inundar la cocina, la entrada y parte de salón para arreglar el estropicio y me duele la espalda por estar agachada vaciando de agua el tambor de la lavadora con un vaso de tubo.

Mientras vuelvo a centrifugar la ropa dañada (los cojines han pasado a la historia y se ríen de mi desgracia chorreando agua en mi balcón), veo un documental sobre Woody Allen y su clarinete. Woody Allen es realmente feo. Como el nuevo color de mis camisetas.

Mis semillas en forma de currículum, más o menos buena presencia y disponibilidad inmediata aún no han dado frutos. Todavía.
Esta mañana la buena noticia es que el café estaba aceptable. La mala es que ha amanecido nublado y he tenido que destender la lavadora de marras y tender dentro.

Excepto los cojines. Ésos, están condenados a pasar frío, mojarse con la lluvia y ser arrojados a la basura.

¿Dónde están los poderes de mi piedra de cuarzo?

Por la mañana, Doraemon hace de las suyas y yo deseo tener un gato cósmico que me solucione los pequeños problemas de la vida diaria.

Sigh!