Debajo del puente que hay sobre la Cuesta de San Vicente hay unas luces en el techo. Siempre están encendidas.
Parecen vainas extraterrestres con algún tipo de cachorro alienígena no nato en su interior.
Un día saldrán de su cascarón y me dirán que conocen el lugar al que pertenezco.
No tendré más remedio que irme con ellos.
A ver si puedo hacerles una foto, sin que se despierten.