Esto es lo primero que salió cuando me pasé de los broches de fieltro independientes a las camisetas con cintas y botones. Actualmente es mi camiseta favorita, a pesar de que tenga un agujero de escape bajo el brazo (la camiseta me costó tres euros, no se le puede pedir mucho), y a pesar de que en el transcurso de cierto día el en que todo salió al revés se volviera de color verde caca.