Una coge impulso y se arma de valor y sale un sábado por la tarde para ir... (tchán tchán tcháaaaan!!) ... de tiendas al centro. Yupi, pienso, no me viene mal darme una vuelta, ver gente, movimiento... Pero nunca se debe subestimar lo que es estar en Sol un sábado por la tarde. Nunca. Nunca jamás vayas al centro de Madrid un sábado por la tarde.

Mira que eres tonta, coño.

Voy toda contenta a la tienda Lomo para darme cuenta de que cierra los sábados por la tarde. Voy luego en busca de unos vaqueros, y (en tres tiendas que estoy) ningún pantalón de ninguna talla coherente me sube del culo. Casi me pongo a gritar en el probador. Sobre todo porque en todos los probadores a mi alrededor se oían las voces chirriantes y felices de niñas de 17 años comprando el modelito para esta noche.

Ay tíiiiiiiia qué fueeeeeerte qué piiiiiiinta qué ideaaaaaaal...

Al final me compro un par de cosas de puro coraje. Y me voy a casa andando (más de lo que quisiera, putas obras en mi línea de metro...) sin vaqueros, sin fotos de la puta tienda Lomo, y sin planes para salir.

Echo de menos tener amigas cerca. Profundamente.

Y aunque suelo llevarme más o menos bien con él, hoy es de esos días en los que odio mi cuerpo. ¿Por qué soy tan blanda, tan amorfa y tan... tan... tan...? Bah, tampoco es para tanto, pero es que vas por la calle y ves a tantas tiparracas que nacieron con el lujo de tener una constitución delgada y esbelta... que claro, cuando llevas toda la tarde luchando contra tu propia talla, pues eso, que las odias y quieres matarlas a todas.

Pero estoy hablando sin sentido y divagando sin parar, porque al volver a casa he recorrido cuatro bares antes de poder comprar tabaco y luego cuando decido irme al ciber (que es donde me hallo, vaya), paso por delante de la asociación nosequé de sordos que hay justo antes y un sordo se tira un pedo justo cuando estoy al lado. Un pedo que ha sonado como una metralleta. Al principio me ha ofendido, he abierto los ojos como platos como toda respuesta, y he seguido mi camino andando como un zombie (pero un zombie ofendido).

Después he pensado... ¿Sabrán los sordos que los pedos suenan? ¿Se lo habrá dicho alguien? ¿Eh? ¿Eh?

Pues eso.

Por lo demás, llevo todo el día oyendo a los Planetas, que siempre me proporcionan una sensación de andar flotando (sobre los loscos) y de comprender lo más profundo de mi mundo interior. Bueno, eso y que también me ponen un poco triste, pero de forma moderada.

Y se acabó, me subo a casa.

Maldito dolor de pies.