Escucho la canción equivocada (*). Escribo las palabras prohibidas. Lo he vuelto a hacer. Quiero dejar de hacerlo. Quiero borrarlo todo. Ya no quiero hablarlo más, ni conmigo misma. Ha dejado de tener sentido. No existen culpables ni nadie a quien le importe.

Como toda solución bajo a comprar una tableta de chocolate y una bolsa de regaliz rojo. En la caja hay un expositor con pilas y chocolatinas. Cojo de uno de los estantes una caja de tiritas surtidas. Me pregunto si habrá alguna indicada para lo que necesito.

Cruzo a la farmacia y compro una caja de Iboprufeno 600. No puedo soportar más tiempo este maldito dolor de cabeza. No puedo soportarlo más.

En el cruce bajo mi casa pasan miles de ambulancias.

Y yo me hago la eterna pregunta, de nuevo.

¿Qué hay que esperar? Si el suelo no se mueve y no sé andar… (*)

(*) La fatídica canción: I Should Go, de mis amiguitos los Sunday Drivers.

(*) La preguntita de marras la tomé prestada de la letra de una canción de los Malahora