1.- En el fascinante (y eterno) camino que recorro sentada en el autobús 573 hacia Boadilla del Monte veo:

- Lentes gigantes de cámaras de fotos apiladas.
- Ropa tendida cuidadosamente en mitad de las obras.
- Sillas de cumpleaños del revés a un lado de la carretera.
- Escaleras que definitivamente no suben a ninguna parte.
- Construcciones de curris (los muñequines esos tan monos de Fragel Rock). Quiero volver a ser una niña.
- Grafitis en lugares improbables.
- Un cartel luminoso que ofrece servicios de “Fontaner a”, lo que me recuerda a algo que escribí hace tiempo.

07 marzo
a, e, "", o, u
La letra "" del teclado está suelta. S escrbo algo con mucha pasón sale volando por los ares y aterrza en mtad de la tenda junto a las cntas adhesvas y los clps. Una de esas veces en las que la emocón de ms manos y ms pensamentos ha hecho saltar a la sucda letra "", se ha colado en el bolso de una señora. "Quero ver mundo" me ha dcho asomada al bolsllo mentras se alejaba por la calle. Y claro, no he poddo segur a la señora y rescatar m tecla, porque cualquera le explca lo que ha pasado sn parecer una demente. Total, que m letra "" se ha prado hace cnco mnutos, y ya la estoy echando de menos.
->Más de toda esta mierda por aquí.

- Otro cartel, que presume de proporcionar 2500 colores al instante… ¿No son muchos colores para un solo momento?
- El cristal de una parada de autobús forrado de gotelé por casualidad. No, no es gotelé, es mezclilla como la de los jerseys de lana. Es la primera vez que escribo la palabra mezclilla.
- En una pared se gritan amenazas de rima asonante (Niñato te mato).
- Bajo un puente, cientos de carteles superpuestos de circos y conciertos hacen del hormigón una gran cebolla a medio pelar.

2.- En el triste (y esperado) camino que recorro en el autobús gratuito E3 de vuelta a casa, descubro por enésima vez la grandeza de una canción que he oído miles de veces: Spiders, de Wilco.

3.- Ya en casa; un amigo-huésped al que quiero como a un hermano, varias risas, dos kebabs, un capítulo de Arrested Development y un buen rato fregando cacharros. León (el amigo-huésped) se va de marcha y me quedo esperando a Rosa, que llega en un tren a las 12 y que sólo estará en casa dos días.

No quiero pararme a pensar.
No quiero.
Que no.