El fin de semana ha sido agridulce, como pocos. Rosa ha estado en casa, recogiéndolo todo y conteniendo el bajón que está a punto de tener. Yo he intentado hacer que vea lo positivo. Aunque para mí está siendo bastante difícil. No me gusta que se vaya de su cuarto, no me gusta tener otra compañera, y no me gusta que se mude a Córdoba otra vez. Sé que todo cambio debe traer también algo bueno. Paula, mi nueva compañera, parece una chica bastante normal (lo primero que busco en las personas que conozco, al fin y al cabo) y además es bastante simpática por lo que he hablado con ella. Seguro que es una tía estupenda y que nos llevaremos bien. Pero con Rosa había llegado el equilibrio y la armonía que necesitaba en mi vida. No había podido llegar en mejor momento. Como caída del cielo.

Ella ha sostenido con remedios mágicos mis momentos de debilidad. Ha recompuesto mi cabeza con cuatro metáforas. Ha tenido el gesto exacto y la intuición perfecta conmigo. Siempre ha adivinado lo que me pasaba, como si me leyera la mente. Siempre me ha preguntado cómo estoy en el momento en que lo que más necesito es que alguien me lo pregunte. No me preocupa perderla como amiga porque creo que en estos meses se han construido cimientos suficientes como para que la cosa dure, estemos donde estemos. Me jode no tenerla a diario, en casa. Pero bueno, ahora tiene que ser así. Ella dice todo el rato que volverá a Madrid, y que cuando lo haga vivirá conmigo o con nadie. La vida da vueltas, los caminos se cruzan y agradezco a las fuerzas superiores (si es que ellas han tenido algo que ver) o al destino (ese en el que Rosa cree tanto) que me hayan puesto en el camino de alguien como ella. Pase lo que pase.

El sábado salimos por el cumpleaños de un amigo suyo que vive aquí. Conocí a mucha gente y todos me parecieron muy divertidos (bueno, menos uno al que crucifiqué enseguida). Me encanta conocer gente. Y estuve bailando durante horas. Me encanta bailar. Bailo poco normalmente y cuando una noche acabo bailando a mi aire, me siento genial. Rosa siempre me dice que le encanta como me muevo. En uno de esos bailes me dí con un techo bajo (sí, me dí una ostia en la cabeza, con todas mis fuerzas) y me dolió la cabeza durante diez minutos (estoy exagerando, como andaluza que soy), para cachondeo general. Volví como siempre a reírme con Rosa hasta que me dolió la barriga. Todavía no me creo que vaya a irse. De momento sigue en casa de su tía. Así que la seguiré viendo esta semana. Además el viernes nos vamos las dos a Córdoba (tiene muchas ganas de presentarme a sus padres, como sie fuéramos novias). Tenemos el domingo el concierto de Los Planetas (teloneados para mi regocijo por los Lori Meyers). A ella no le gusta su música pero ha organizado todo para que vayamos. Estoy deseando verles en concierto otra vez. Y ver a los otros por primera vez. Y dar botes. Y cantar gritando. Adoro la música en directo.

Por lo demás, terminando en Loser films la bobina fantástica que nos hará ricos, comiéndome la cabeza por saber dónde buscar trabajo (mis cuarenta currículums no han dado el resultado esperado), y a dos días de que me baje la regla (dato a tener en cuenta, siempre).