Hace calor. El cielo está nublado pero cae el calor como de las nubes, apenas te deja respirar. Tienes que encontrarte con alguien. Por fin llegas a una plaza céntrica, plagada de turistas de sandalia y madres con niños vestidos a la par. Buscas un perfil determinado. Te inquietas, muchas de las personas que pasan a tu lado concuerdan, pero ninguno se fija en ti. Necesitas el dinero. Quieres hacer el recado pronto para olvidar los nervios. Dinero. Sólo por el dinero... pero pensar en ello no evita que tengas un nudo en el estómago. Ni siquiera sabes que esconde el maletín que llevas contigo. ¿Y si lo abres? Ya es tarde para eso, mejor deshacerse de él y cobrar tu parte. Te cruzas con un tipo entre las hordas de gente.

Dios mío, este calor no puede ser cierto. Que coño hago aquí, si lo que debería hacer es irme con Ana y pasar mi vida con ella. Ella es ahora todo lo que me importa y sin embargo ando liado con trapicheos. Por idiota, por un poco de pasta y algo de diversión me he visto metido en este lío. Dónde estará el cabrón. Dijeron que era un tipo con pelo largo, que me esperaría sentado por aquí. Podría ser ese. Acabemos con esto de una vez.

Ese tipo moreno se está acercando a ti. Dijeron castaño, pero nunca has sabido delimitar donde empieza el moreno y donde acaba el castaño. Para ti los castaños son rubios así que supone que si se acerca a ti, tenga el pelo como lo tenga, debe ser él. Le miras fijamente, pero no te levantas. Si no es él harás un ridículo estupendo. Así que esperas que el otro hable primero.

¿Tienes lo que quiero?- digo, como si de una película se tratara. Me siento imbécil. Me pregunto qué estará haciendo Ana, mientras miro como el otro se levanta.

¿Y tú?- dices pensando que no es manera de abordar a un desconocido. Ni que se tratara de una película mala. No veo el bolso cruzado verde, pero en realidad sólo quiero acabar con esto de una vez.

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