Ayer toda la tarde con mi herpato querido confeccionando su videobook, durante las primeras horas del primer día de esa semana tan simpática que las niñas buenas tenemos una vez al mes. No importa. Me gusta hacer cosas por él y para él. Pero no se lo digais que se aprovecha. Adoro a mi hermano.

Cada vez estoy más contenta con mi cambio de look. Ole. Así da gusto.

El proceso de ponernos internet en casa va por buen camino. Bueno, al menos va por un camino, el de las buenas intenciones y los procesos que nunca acaban. Pero en equis tiempo tendré conexión en casa. Y eso es algo que me llena de alegría, oiga.

Por lo demás, me he propuesto cuidarme un poco durante un tiempo, en cuestiones alimenticias. Lo justo para caber de nuevo en mis pantalones, que no tengo el monedero como para renovar todo el armario en función de mi culo. Total, si tampoco cuesta tanto. Con los yogures desnatados y sin tabletas de chocolate, me voy apañando.

Lo que sí que me cuesta proponerme es lo de dejar de fumar, pero al menos últimamente he empezado a planteármelo en serio. Es cuestión de tiempo (y de ganas, claro, pero sobre todo de tiempo) que me de el volunto (ni siquiera sé si esa palabra existe, pero me encanta como suena… le doy a sinónimos en el Word y me sale otra palabra aún mejor: bolañito) y lo deje para siempre.

De momento, sigo con el otro vicio, pero con éste no tengo intención siquiera de plantearme abandonar. Y no, no me refiero a eso, malpensados. Aunque eso tampoco lo voy a dejar. Vale, ahora ya no sé ni yo de lo que estoy hablando.

Cuando tenga internet en casa tengo varios planes para este mi querido blog. Tengo ganas de dedicarme a ello. Tengo ganas. Suena bien.