Hoy voy a ver a una de mis excuñadas jugar el Campeonato Mundial de Hockey Femenino. Es la hermana (una de las gemelas) de mi primer amor. Las dos están muy emocionadas porque nos veamos de nuevo. Y yo también. Mi susodicho primer amor viene al partido del domingo, al que no sé si podré ir yo. Aunque me apetece mucho verle, después de tantos años. Hablo por el messenger con él suficientemente a menudo como para saber que sigue siendo el mismo. Y me apetece mucho darle un achuchón (de manera completamente inocente, claro), sí señor.

Ayer fue un gran día para mí como consumidora compulsiva. Fui a Media Markt con Mario después de comer y salí de allí con una bolsa bien llena. No es que me esté dedicando a despilfarrar. Eran objetos de primera necesidad: una tarjeta wifi para mi inminente conexión a internet en casa, y unas cuantas pelis. Además, de las cuatro pelis que han acabado engordando mi videoteca en orden alfabético, sólo he pagado una.

Mario quiso (por voluntad propia, lo juro) regalarme Atrapado por su pasado, de Brian de Palma. Mario es un gran chico, ¿lo había mencionado antes? Y ésa es, sin duda alguna, una gran película. Tengo muchas ganas de volverla a ver. Por su parte, mi hermano, en pago al videobook (que yo con gusto le he hecho gratis) me dijo que me pillara algo (previa llamada mía, muy inocente y muy sutil: “Hay dos pelis aquí que me encantaría tener y que son extemadamente baratas”), así que la tarifa del proyecto videobook asciende a Crash, Director’s Cut, de Paul Haggis; y Atomik Circus, dirigida por un notas francés.

La primera me dejó clavada en el asiento en el cine hace poco y me muero por verla miles de veces, en plan compulsivo (así soy yo, compulsiva). La segunda es un gran hallazgo que tuve la oportunidad de descubrir cuando el año pasado fuimos al Festival de Cine de Ciencia Ficción. Además de estar protagonizada por Vanessa Paradis (sin duda una de las integrantes potenciales de la lista de tías por las que me cambiaría de bando, ah, y la foto del enlace es de otra película suya que me dejó enamorada: La chica del puente), resulta ser un relato hilarante a la par que musical del aterrizaje de una panda de extraterrestres voladores a un lugar recóndito de la América profunda en mitad de su concurso anual de jóvenes talentos. Acojonante argumento, simpáticos diseños para los aliens, Vanessa cantando canciones, un héroe llamado James Bataille que sólo por su nombre merece un premio, y un ambiente grotesco a la par que descacharrante.

Y la película que me he comprado yo solita sin ayuda de nadie es Impacto, de Brian de Palma de nuevo (qué pesadito el tío). Podría decir muchas cosas sobre ella, y también podría hablar más sobre Atrapado por su pasado, pero ¿sabéis qué? que Mario lo hace mucho mejor. Además, yo soy muy mala para halagar películas que he visto sólo una vez y hace demasiado tiempo. Pero bueno, sé que me fliparon y sé que me fliparán más a medida que vaya viéndolas una y otra vez, una y otra vez, y así hasta el infinito.

Y más allá.

Qué grande es el cine y qué pequeña soy yo.