Tengo un borrador por ahí que tengo que pulir. Uno sobre gente y las relaciones interpersonales. Un coñazo, vamos. Es uno de esos que acabo borrando bien porque no tienen nada que ver con lo que quería decir y lo que está en mi cabeza, bien porque me da miedo publicar. Un miedo un poco estúpido, pero al fin y al cabo un miedo más fuerte que mi dedo índice sobre el ratón.
Viniendo para el ciber había unas sillas trepadoras en un balcón. No he querido hacerles fotos. Saliendo del metro he visto otro balcón, éste con triciclos infantiles formando una torre. Hace días que lo veo y nunca quiero hacerle una foto.
Hay veces que no puedo hacer fotos porque simplemente sé que no tendrían nada que ver con lo que yo veo en ellas. Parece una chorrada, lo sé. Pero a veces las sillas o los triciclos me hacen sentir algo concreto. Algo que no puede ser captado por ninguna cámara.
Aunque también puede ser simplemente que los balcones estaban demasiado altos, y no iban a salir bien parados en la foto.
Ahora me estoy leyendo Alicia en el País de las Maravillas. Me va bien la regresión a la infancia. Me va bien volver a jugar, aunque sea yo sola.
No me importa.