Hay gente siempre. Siempre. Te cruzas con unos y con otros, a veces sin rozarte, a veces se intercambian miradas, a veces ni lo notas. A todas horas hay gente a tu alrededor. Tus vecinos, la gente de la calle, los dependientes de las tiendas, las cajeras del supermercado, los hijos de los amigos de tus padres, tus amigos, los desconocidos en general.
Te cruzas con miles de personas. Millones en tu vida. Bueno, no sé si tantas. Pero lo que sí sé es que a veces, en contadas ocasiones, alguna de esas personas te influye. Para bien o para mal. A veces primero te hace feliz, y luego se convierte en un lastre, siendo la misma persona. O bien al contrario, jodiéndote la existencia para luego dejarte buen sabor de boca.
Son pocas las personas que influyen en tu vida, aunque parezcan muchas. No hablo necesariamente de amigos, familiares, o gente que conoces de manera cercana. Puede ser alguien con quien sólo te cruzas en un momento determinado. Alguien que por alguna extraña razón, por mucho tiempo que pase, sigue haciéndote temblar de arriba a abajo.
Alguien que sin tener ni idea, te ha dejado una pequeña huella escondida en algún lugar. Una marca que a veces, cuando menos te lo esperas, te pica.
La gente está por todas partes. Nos cruzamos siempre.
Pero sólo es eso, un cruce.
Limitado.
Perpendicular.
Este post es una mierda.