Cuando los balcones se convierten en vehículos con ruedas de colores.

Cuando la basura se convierte en un hilo musical.

Cuando las bicicletas se convierten en infinita mala leche.

Cuando los pescados se convierten en tenores.

Cuando las paredes se convierten en implosiones de folk.

Cuando las fiestas se convierten en pecados primarios.

Cuando las alfombras se convierten en manualidades imposibles.

Cuando ya no hay nada que hacer.