Lo que realmente cuenta y lo que realmente es importante no es lo que deja de ser, sino lo que sí es. Y además, lo que hace que sea yo, a su lado. Soy más lista, más fuerte, mejor persona e incluso más guapa. Hace que intente combatir todas mis debilidades y defectos, me ayuda a ser realista, a madurar, a sufrir menos en general por todo lo que me rodea.

Podría decir que nadie en el mundo me ha comprendido, respetado o apoyado como él. Podría hablar después de que, tras más de seis años, sigue haciéndome reír a carcajadas. Podría dejar constancia de lo mucho que me protege, de lo mucho que me quiere, y de la cantidad de mierda que soporta conmigo. Podría enfatizar la seguridad, el descanso y el calor que me regala sin reservas. Podría hablar, sin más rodeos, del amor.

No me cansaría de hablar, de decir, de tratar de explicarlo; intentaría por todos los medios traducir esto que siento; que vuelvo a enamorarme una y otra vez de la misma persona, pase lo que pase. Que se convierte en un motivo de peso en mi balanza. El motivo más pesado que consigue siempre que se incline hacia todo lo bueno. Que me incita a pensar que aunque las circunstancias me superen en demasiadas ocasiones, merece la pena estar contenta. Siempre.

Puede que muchas veces desee con todas mis fuerzas que sea más comunicativo, más impulsivo, o más dinámico. Y puede que me inquiete enormemente que él rara vez se inquiete.

Pero realmente nada de eso llega a importar. Nada de eso cuenta. Porque leo en sus ojos todo lo que necesito saber. Porque ya soy impulsiva yo sola por los dos. Porque su tranquilidad hace que mi locura se equilibre.

De nuevo, y por enésima vez, lo único que queda es volverlo a decir, sin pretender innovar, sin pretender cambiar nada. Volver a decir con la boca más grande del mundo que le quiero, y que me encanta que todo siga así.

Qué alegría, coño.

Audio: Invincible, de Muse, claro que sí.
Imagen: Imágenes de mi primer año en Madrid
Mode: :D