Esta mañana he madrugado a pesar de no tener que ir a Loser films y he aprovechado el tiempo como nunca hago. A las diez ya estaba en marcha. Me he ido a la zona de mercerías que hay cerca de la Puerta del Sol y he flipado en colorines.

Sin poderlo evitar, me he gastado más de 20 eurazos en lazos de colores, cintas, fieltro, imperdibles y botones raros. Es un vicio. He comprado en los Almacenes Cobián, que es como un gran mercado de los de barrio, pero de bisutería y mercería. Un flipe, vamos. Tienes que coger número como en la charcutería pero en lugar de pedir cuarto y mitad de mortadela con aceitunas (yummm!), pides dos metros de esto y medio metro de aquello. He sucumbido como todas las abuelas costureras que por allí pululaban y me he vuelto loca mirando cintas de cuadritos escoceses y demás pijadas. Mañana mismo (si no lo hago esta noche o ahora antes de comer) me pongo a experimentar.

Lo que más me ha gustado de la mañana ha sido que las personas con las que me he cruzado (no todas) eran una mezcla entre humanoides y animaloides. La más simpática ha sido una señora que, esperando para comprar botones, se ha vuelto hacia mí, me ha mirado muy cerca y ha hecho vibrar su hocico de yegua vieja pintarrajeado. Luego ha pegado un par de coces por no encontrar lo que buscaba y se ha ido galopando primero y al trote después.

Me gusta salir por la mañana, y siempre me vence la pereza. Hoy he disfrutado como una auténtica cría y vengo feliz con mi bolsita llena de fieltros.

:)