Ayer en la tienda los ratos muertos se volvieron horas y horas muertas. Carla y yo hicimos lo que pudimos buenamente pero la clientela no era tal y pasaban de comprar. Hicimos una caja muy cutre, pero nos reímos mucho.

Carla es muy divertida, la voy a echar mucho de menos, ahora que se va. Ésta es su última semana. Y cada vez me recuerda más a la hermana pequeña de mi madre, Rebeca.

Estuvimos probando a hacer formas con uno de los collares Snake de Breil, que se moldea a tu antojo (o al mío, o al de Carla). Vienen con un folleto con propuestas de formas, pero a mí me gusta más dejarme llevar…

Por supuesto, ya que había sacado la cámara, busqué un reflejo interesante en la tienda y encontré este modernísimo reloj de Phillipe Stark (me suena a nombre de protagonista de película, pero debe ser un diseñador muy chulo que ha inventado relojes para Fossil, y punto). Un modernísmo reloj que parece una pulsera de acero en la que los números se iluminan cuando le das a un botón mágico. Un modernísimo reloj que cuesta un ojo de la cara.

Al final de la tarde, Carla hace cuentas, sellamos papeles, apuntamos resultados, imprimimos cosas, las grapamos ordenadamente, las metemos en sobres, los distribuimos, y a casa. Hoy me toca hacer el cierre sola, porque Carla se va al médico. Seguramente venga mi jefa a hacer pedido antes de que me vaya. Seguramente esté hasta mucho más tarde de mi hora. Y es posible que no sea recomendable que cuelgue cosas sobre la tienda en mi blog. Aún estoy en el mes de prueba…

Jarl.