Hoy he vuelto a hacer ejercicios para liberar la tensión de mi espalda. Mi compañera en la tienda me da nuevas recetas a diario, y me ha confeccionado una tabla la mar de apañá. Rosa ha estado aquí largo rato esta noche, y después de ponernos al día, de poner comas y puntos donde hacía falta, de subrayar lo importante y de tachar los pequeños desvaríos; me ha dado un masaje maravilloso. Rosa tiene unas manos increíbles. Amo a Rosa.

Aparte de toda la música nueva que tengo, un amigo me ha pasado un cd con música de su parte. Y aquí estoy, oyéndola mientras escribo y poniéndome en su lugar. No hay nada como la música para conocer a las personas. Nada.

Tengo algunas ideas sueltas escritas con prisa en un mensaje de texto de mi móvil (a veces, aunque parezca mentira, es más rápido ese sistema que el de sacar el cuaderno y garabatear), voy añadiendo más con el paso de los días y se está convirtiendo en un puzzle lleno de animales y símbolos extraños.

Y para haber dormido cuatro horas, he pasado el día medianamente bien. Tengo la mitad del domingo (mañana) para dormir, descansar, limpiar, organizar, borrar, guardar y pensar en mí.

Toda una mañana para mí. Es justo lo que necesito.

Aprovecharé que estoy sola en casa para escuchar(me), que esta última semana me la he pasado llamándome a gritos.