Mr. Calamar me ha obligado con una canción de St. Germain, llamada Rose Rouge; a perseguir a un tipo al salir del metro que ha ido todo el viaje frente a mí, leyendo Las Vírgenes Suicidas y mirando de vez en cuando hacia arriba con unos preciosos ojos azul burlón.

Hemos salido cada uno a un lado de la calle. Pero él me ha dado ventaja y ha cruzado al mío, colocándose estratégicamente delante. La persecución ha sido emocionante. Primero pensé que me iba a hacer entrar en el Mercadona, pero ha seguido y entonces he deseado con todas mis fuerzas que fuera el dueño de una bicicleta muy bonita (a la que misteriosamente aún no he fotografiado) que hay en la siguiente esquina.

Para mi sorpresa, ha cruzado a la plaza y ha entrado en la puerta siguiente a la mía.

Conclusión: hoy he perseguido a mi vecino, y él se ha dejado.