En el autobús de camino a la tienda oigo irremediablemente (casi lo estoy deseando) una canción premonitoria. No le hago caso.

En la tienda una clienta finlandesa llama desde Finlandia y nos echamos unas risas. Dice que le hemos cobrados dos veces el Armani. Le digo let me see y mañana la llamo.

A la vuelta, me hago un sandwich de salmón, pavo y queso. Con él, digiero un reencuentro inesperado. El sandwich se me atraganta. El reencuentro va como la seda, bajando por mi garganta y alojándose en algún lugar. En su sitio. Como debe ser, finalmente.

Estoy en época de encantamientos, de onomatopeyas y de cuadernos. Estoy en mi mejor época. Como las naranjas.