Volví a casa temprano. Sobre las 3 de la mañana. Me quedé dormida en el sofá del sótano de Mario durante un rato bien largo. He empezado el año somnolienta. Voy a hacer café.

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Lo mejor de anoche fue conocer un poco más a Candela. Tenerla sobre mi tripa, sentada como si fuera montada en un caballo. Tan pequeña, tan observadora, pegando patadas a diestro y siniestro. Candela no habla, es muy pequeña para eso. Pero Candela te cuenta cosas, divertida y parlanchina. Más comilona que dormilona, con unos ojos grandes y verdosos sin determinar aún, con sus uñitas pequeñas de muñeca y sus orejitas blandas. Me gusta Candela. Me gusta que lo mire todo. Anoche pegaba mi boca a su oreja y le susurraba que no dejase nunca de mirar así. Ella agarraba la manga de mi camisa como quien atrapa las palabras.

Volvimos a casa por la M-30, que es un enorme Scalextric, lleno de vacíos, pendientes, curvas imposibles y polvo. En casa, los vecinos boliviamos no habían terminado (ni mucho menos) de despedir al 2006. Como estaba muy cansada y tenía mucho sueño no me quejé. Me tapé disimuladamente los oídos y me dormí a duras penas. A las cinco de la mañana el perreo y el reaggeton, unidos a los gritos y risas de lo que parecía una manada salvaje de críos desbocados, acabó con mi paciencia (y con mis tapones para los oídos). Volví a golpear la pared. Varias veces. Esta vez cogí el teléfono y marqué 091. Pero no llamé. Insistí en los golpes, bajaron un poco la música, y aunque les seguía oyendo, me quedé dormida de nuevo. Voy a por el café.

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Al café le queda un poco aún. Tengo varias tareas para este día primero de año. Seguramente se quede todo en promesas; pero debería limpiar la casa, ordenar mi ropa, poner una lavadora de color. Anoche también pensé en llamar a la puerta de al lado con una caja de polvorones, desearles feliz año y desearles que se vayan a tomar por culo. No sé si llegaré a hacerlo. Otra cosa que quiero hacer, ya no sólo hoy, sino en general, es leer y sumergirme en algunos blogs a los que he llegado tarde y me pillan lejos. Como primer blog a desmenuzar me apunto éste, al que le tengo ganitas desde hace algún tiempo y del que sólo he leído pinceladas. Parece que el café ya está listo.

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Pues no, no lo está. Creo que he puesto demasiado café. Ayer encontré a un viejo amigo conectado. Un amigo de toda la vida, que vive en Madrid desde siempre y al que no he visto en los dos años que llevo aquí. Somos los peores. Le felicité el año y me dijo que me recogía en el trabajo el día 3 de enero, para irnos a cenar. Es una buena manera de empezar el año, la semana, la noche del día 3. Porque más que ponernos al día tendremos que ponernos al año. Y porque lleva siendo mi amigo desde que teníamos edad de una sola cifra. Me estoy hartando de esperar al café, voy a poner una lavadora.

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Pues al final cazo un vaso de café antes de que termine de hacerse entero, y dejo la lavadora para cuando termine con el ritual mañanero. La calle está silenciosa y gris. Hay algunos paseantes. Dos o tres perros. Taxis ocupados. Corredores en chándal. ¡Ay! Valientes corredores en chándal...

Y yo empiezo el año con la casa desordenada y el corazón contento.

Buenos días.