Pongo el Calamar, enchufado para darle energía, de la que yo no tengo. Pero va el tío y me regala ganas de cantar, de bailar, de volverme loca. Está en plan aleatorio, pero de las ganas que me entran de cantar pongo un disco que me sé de memoria y berreo muy alto.

Me encargan desde Vejer que vaya haciendo compilaciones para cuando abra El Cura (no sé si conservaremos el nombre), que es la última inversión de mi familia (y no sé si la definitiva). Ahora tenemos un bar, es lo que nos faltaba. Voy a ser feliz y concienzuda organizando música, seleccionando y grabando.

Mientras, sigo cantando, hasta que por una vez sean mis vecinos los que se quejen del ruido.

Rock'n'Roll.