Llego a la tienda. Lucía tiene buenas noticias. Tu bolso está en una carnicería, aquí tienes el número. Me suena a surrealismo del más bizarro. Me pongo a llorar, de nuevo. Parezco un grifo. Lucía parece tener un extraño sentido del humor. No me cae bien esta tarde...

Consigue hacerme entrar en razón. Resulta que un buen hombre encontró en su portal el bolso, con todas mis pertenencias, exceptuando (claro, si no, de qué) el ipod, la cámara de fotos y el móvil. Al fin y al cabo, por mucho que llore la pérdida hoy (y seguramente mañana), son todos sustituibles. Y ya que me pongo, será una cámara mejor y un ipod de más capacidad, los que los sustituyan. Lo de los 80 gigas no suena nada mal. Mr Calamar se reencarnará donde yo le diga. Habrá que sacar algo bueno de todo esto. Además, no tengo que hacerme de nuevo el carnet de identidad (ahora mismo no soy nadie), no se han llevado mis llaves de casa (por lo que no tengo que cambiar cerraduras), y recupero mis palabras. Porque dudo mucho que se hayan llevado el cuaderno. Y recuperar mi cuaderno, me mola.

Mañana va a ser un gran día. Con o sin música en el metro. Mañana es el cumpleaños de Pablo, el héroe local de la noche.

Ole!