Me robaron con magia negra (no veo otra posibilidad) mi bolso anoche en un bar. Mi cámara de fotos con fotos que no había pasado al ordenador. Mi móvil con palabras de mucha gente que quería conservar. Y fotos, también. Mr Calamar. Una botella de agua medio vacía. Dos o tres tampax. Mi barra de labios favorita (y alguna más). Mi lápiz negro. Mi bolígrafo preferido de todos los tiempos. Mr Calamar. Mi cuaderno azul, que estaba a punto de terminarse, que tiene miles de páginas que no están en ningún otro sitio. Mi cuadernito de marras. Las llaves de mi casa. Mi cartera mágica (regalo de mi cuñado) con todo lo que suele tener una cartera. Mi monederín de lunaritos. 5 euros a lo sumo. Mi cuaderno y Mr Calamar. Tenía poemas en las entrañas de Mr Calamar. Y 6000 canciones que había ido organizando durante todo un año.

Todo (o casi todo) es sustituible, lo sé.
No es el fin del mundo, lo sé.

La rabia, la impotencia y la más grande vulnerabilidad.
Ésas también me las sé.

Hoy no estoy para hostias.