Paul Auster habla de las variables metereológicas... pero yo creo que éste me conoce de algo y cree oportuno describirme así.

Volví a encerrarme en mí mismo. El tiempo se mostraba muy variable, con alternancia de periodos buenos y malos. Uno o dos días de respladeciente luminosidad, seguidos de tormentas furiosas; chaparrones torrenciales, y luego cielos de un azul cristalino; viento y calma, calor y frío, niebla que se disolvía en la claridad. En mi montaña siempre hacía cinco grados menos que abajo, en el pueblo, pero algunas tardes podía pasearme en camiseta y pantalones cortos. En otras ocasiones, tenía que encender la chimenea y abrigarme con tres jerséis.

Puedo leer este párrafo cien veces seguidas, y me sigue llegando dentro, muy dentro.

Gracias, amigo Paul.