- Meter en tu boca todos los conguitos que puedas soportar. De chocolate con leche y chocolate blanco, más cantidad de los unos que de los otros. Masticarlos todos a la vez y sentir los crunchs y el sabor a chocolate roto en la lengua, en los dientes y casi en el cerebro. Subidón.

- Repetir la misma acción, introduciendo ahora un regaliz rojo de los que son una tira fina enrollada, entera en la boca, sin desliarla. Trocearla con ansia y sentir la boca roja y jugosa. Te duelen un poco los dientes, pero el umbral del dolor es frágil y pronto se convierte en tontería. Subidón (bis).

- Vender un reloj hortera D&G con toda la poca vergüenza. Congeniar con la madre y la hija, que son de San Roque (Cádiz) y mañana cogen un avión. Tedio. Envidia. Van despreocupadas de compras y se gastan un dineral alegremente. En una cosa fea de cojones, dicho sea de paso.

- Mirar una y otra vez al mismo sitio; al reloj de pared o al del ordenador; cerciorándome de que, efectivamente, el tiempo pasa lento y tocapelotas esta tarde. Te echo de menos, Lucía. Tus meollos, tus caminos, tus limosnas.

Y sigo. Yo que amenazaba hace dos posts con no escribir en todo el día. Ya ves hasta donde llega mi fuerza de voluntad.

;)