He bajado la guardia. Quiero que pase. Que llegue. Lo espero con impaciencia. Espero ansiosa esos días en los que lo veo todo negro, en los que todo mi ser disminuye, en los que absolutamente todo me sienta mal. Quiero que venga. Le estoy esperando. Aquí estoy. Para alegrarme cuando llegue, cogerle desprevenido y que me afecte al contrario de lo que espera. Porque se cree muy listo. Pero yo lo soy más.

Aunque ahora tenga un puchero de los que me dan la vuelta. Aunque me sienta diminuta y me pierda en el asiento. Aunque sufra un poco.

Coño ya.