Alguien me dedica esto y yo pienso que no hay mejor manera de empezar un lunes, una semana, un mes, un año. Empezarlo todo con una sonrisa de oreja a oreja, incesante, parpadeante, radiante y otros muchos adjetivos con la misma terminación.

En un rato, cuando consiga dejar de leer una y otra vez ese regalo, me termine el café y me duche; saldré en busca de mi identidad. No es tan difícil como parece. Dicho asi suena a tremebundo viaje espiritual. En realidad no tienes más que llevar dos fotos de carnet y el pulgar dispuesto a dejar huella.

Empieza bien el lunes. Empieza de puta madre. Y yo sólo quería decirlo bien alto. Qué alegría, joder. Qué bien sienta la conexión, la sincronización, el entendimiento, la simpatía, el querer; con un café grande y con el silencio (dentro de lo que cabe) de esta mañana.

Qué bien, joder. Dan ganas de desayunar problemas. Y al terminar con uno decir que pase el siguiente, resuelta y chula, dándoles puerta a todos y cada uno de ellos. Cuando te dicen que cítricos y lagartijas son lo mismo y lo entiendes; cuando oyes a tu piel respirar por ti, casi sin permiso; cuando vuelves a comprobar que las piscinas a las que te tiras tienen agua templada de sobra para que hagas tus largos; entonces te entran ganas de convertirte en la parte de la caja que enciende las cerillas, y gastarte a base de prenderlas. Porque nada te quema hoy.

Qué bonito todo, este lunes.