Un amigo me regaló un libro nada más conocerme. Más tarde me contó que el autor le recordaba a mí, escribiendo. Desde que empecé a leerlo, no puedo soltarlo. Y creo que cuando lo termine querré leerlo una y otra vez.

- Me gustaría que me acompañaras a Uruguay. – Midori seguía acodada sobre la barra – Dejándolo todo: la novia, la familia, la universidad…
- No estaría mal – Me reí
- ¿No te encantaría dejarlo todo y marcharte a un lugar donde nadie te conociera? A mí, a veces me dan ganas de hacerlo. Unas ganas locas. Así que, si de pronto se te ocurre llevarme lejos, te pariré un montón de bebés fuertes como toros. Y viviremos todos tan felices… Revolcándonos por el suelo.

Volví a reírme y apuré mi segundo vaso de vodka con tónica.

- Aún no tienes ganas de tener bebés fuertes como toros, ¿es eso? – me preguntó Midori
- No, mujer, tengo curiosidad. Me gustaría saber qué se siente – dije.
- Tranquilo. Si no te apetece, no pasa nada. -  ahora Midori comía pistachos – Total, estoy bebiendo a primera hora de la tarde y diciendo lo primero que se me pasa por la cabeza. Te insisto a que lo dejes todo y te vayas a Uruguay, nada menos. Si allí no hay más que cagajones de burro…
- Tal vez.
- Cagajones por todas partes. Una mierda si estás aquí, una mierda si estás allá. El mundo entero es una mierda. Toma, te doy éste, que está duro. – Midori me dio un pistacho que costaba pelar. Le quité la cáscara con esfuerzo - Pero el domingo pasado me relajé muchísimo. Los dos en el terrado mirando el incendio, bebiendo y cantando. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan bien. Me presionan por todas partes. En cuanto asomo la cabeza, me dicen esto y lo otro. Al menos tú no me fuerzas a nada.
- No te conozco lo suficiente.

Nunca me han atraído los japoneses. Bueno, siento curiosidad, y según qué cosas leo o veo, tengo más ganas de conocer. Murakami hace que me entren ganas de haber estudiado la carrera en Tokio, de haber compartido habitación en una residencia, de hacer excursiones a sitios helados.

Escribe de cosas importantes, disfrazándolas con buen humor, con sencillez, con una facilidad pasmosa para hacer de un compendio de palabras comunes un párrafo digno de enmarcarse. Lo que he copiado es parte de un diálogo que me gustó mucho. Los personajes son tuyos, se hacen tuyos, se convierten en ti.

Y la foto de la portada es una auténtica maravilla. Etérea, como una canción de Radiohead que está sonando en mi ordenador.

Yo, leyendo y leyendo, de mayor quiero ser como Midori. Y desde aquí dar las gracias a los buenos amigos, los que sin conocerte te conocen más que nadie, los que te regalan libros publicados y por publicar. Los que componen melodías silenciosas. Muchas gracias y el sello que no falte.