Huérfana y abandonada. Miles de cosas que quiero decir y que La Coctelera parece que no quiere que diga. Me siento mal sin poder publicar. Pero se eterniza cada paso del proceso y cada vez me entra más pereza. Éste es un intento más, de los miles que he hecho desde que cambiaron el rollo.

Tengo un must-to-have pendiente, con sello de calidad garantizada incluído. Tengo unas cuantas de esas reflexiones absurdas que a nadie le interesan. Tengo un par de poemas encriptados en la recámara. Tengo cosas. Tengo nubes grises y blancas. Tengo motivos para estar contenta y lo estoy.

Pero joder, a ver si se estabiliza esto un poco, que así no hay manera.

Yo me armo de paciencia, espero tranquila, de momento. Leo lo que algunos consiguen postear, comento lo que me dejan. Me tiro toda una mañana para ponerle tags al artículo anterior y no hay forma. Los errores quinientos son mi peor pesadilla. Habrá que volver al word.

Esta noche veo a mi amiga Rosa, mi pequeño gran bálsamo. Me hace reír, me hace pensar, me hace pasarlo pipa. Tanto, que no me importa un pito que llegue tarde.

Me hago una ensalada, una vez más. Salpico de aceite de oliva mi jersey. A tomar por culo el modelito. Menos mal que tengo música. Investigo a Mojave 3, me inicio con The Cure, me animo cada vez que suenan los Flaming Lips. Vuelvo a darme cuenta de que todo aquel que hace música es un genio, sea el tipo que sea.

Murakami, mi must-to-have en espera. Es maravilloso. Cuando las aguas se calmen pondré algún fragmento. Mario me pasa por fin una foto que me hicieron en navidad con mi sobrina Candela. Paso de poner links, aunque podría. Y paso de colgar fotos, que ya me sé la canción.

Me frustro un poco, pero estoy ilusionadísima con una cosilla que voy a hacer esta semana, gracias a un amigo. Lo contaré todo, y por su orden. Cuando escampe.

Y ahora, cruzo los dedos a ver si puedo sacar éste del horno.