Lucía vuelve a sorprenderme. Ayer por la tarde entre mandarinas y plátanos a medias, pone y expone sobre el mostrador sus inquietudes.

- Tengo un proyecto.
- ¿Ah sí?
- Se llama "Ponle cara a tus zapatos" o "Ponte los zapatos en la cara". Bueno, no sé. Algo así.

Me río, ya me tiene intrigada.

- ¿Y de qué va?
- Pues es que creo que los zapatos dicen mucho de las personas.
- Tienes razón, a veces dicen mucho.
- Creo que puedes adivinar cómo es la cara de una persona por sus zapatos.
- Hombre, tanto como eso... ¿crees que mis botas tienen mi cara? - digo yo mirándolas, que no me las quito desde hace un mes.
- Claroooo, esas botas dicen mucho sobre ti.

Las vuelvo a mirar. Yo siempre las he llamado “mis botas de superheroína”. No sé yo si tengo cara de superheroína. Ni de super nada. Pero lo importante es que Lucía me cuente su proyecto.

- No sé, quiero hacer fotos a un montón de caras y a sus respectivos zapatos, ¿sabes? Y cuando alguien venga a casa poner las fotos y que intente emparejarlas. Es una chorrada, es un experimento. Ya sabes, como los juegos esos de memoria, de las parejas de fichas con dibujos.
- Pero con caras y zapatos.
- Claro. Es fácil emparejar. A veces está clarísimo. Así puedes comprobar si sabes algo de psicología humana o si no te enteras de nada.

Me quedo pensando.

- Es una tontería, en realidad, pero me divierte hacerlo. Si me dejas, te haré una foto a ti.
- Claro. Hazme las fotos a mí. Trae la cámara mañana y nos echamos unas risas.
- Vale.

Lucía sonríe. Yo me quedo mirando y esperando que continúe. Me encanta cómo habla, porque hace pausas en las que se nota que piensa, organiza las ideas, y luego las suelta. Me gusta la cara que pone. Me entran ganas de llevarme todos los días una grabadora o una cámara de vídeo, para que no se me escape nada. Es fantástica. Estoy sentada en el taburete (ay, la palabra taburete, qué alegría cuando la utilizo), dentro del armario. Ella está apoyada en el mostrador (nos turnamos para sentarnos un rato, y una se queda fuera por si acaso) y sigue callada. Al rato, explota.

- Si ya lo decían los indios… sobre los zapatos… no sé qué decían… pero algo decían, seguro.

Me río a carcajadas y ella se ríe también.

- Claro, claro. Esos decían muchas cosas, seguro que hablaron también de zapatos.

Nos seguimos riendo y nos pasamos un rato buscando enseñanzas de los indios americanos en internet.

Aunque yo juraría que iban descalzos.