Llueve, y mucho. Y el cielo está muy oscuro. Mal día para hacerse fotos con luz natural, supongo. Pero hoy he quedado con un fotógrafo tocayo de un periodista, enormes los dos: uno por dentro y otro seguro que por fuera, el interior ni idea. No sé si puedo contar nada de esto así que me lo callo y me termino el café, que tengo un rato para elegir modelito.
Anoche me acosté con overbooking de información. Hay días que cuando acaban me dejan un regusto de soledad, de cansancio emocional, de ganas de estar conmigo misma. Como si quisiera dejarlo todo y hacerme ermitaña. Dejar de tener el corazón volatilizado, los pedazos y fracciones suspendidos en el aire, para que los coja quien pueda. Todo esto suena grave, y no lo es. Dada mi forma de ser, es lógico que haya picos y valles. Y yo siempre estado llena de montañas, de esas en las que hace cinco grados menos que en el resto, como decía mi amigo Auster.
Pero me levanto por la mañana y vuelvo a ser el mismo platillo volante. Y a girar, se ha dicho. Que esto es mi vida. Y estoy viviendo cosas importantes y cosas nimias, y todas son exactamente las que quiero vivir. Dios mío, me estoy poniendo de un épico que no me aguanto ni yo.
Anoche quedé con Rosa. La echo de menos una auténtica barbaridad. Cuando nos vemos ni nos besamos ni nos abrazamos. Al poco le digo ¿qué mierda de saludo es ése? y lo hacemos (besarnos, abrazarnos, como buenas amigas). Me doy cuenta (y se lo digo) que aunque pase tiempo sin verla, me resulta tan familiar tenerla cerca que cuando nos volvemos a ver es como si aún vivieramos juntas.
Hablamos de que volveremos a vivir juntas, seguro. Hablamos de su chico, de mi vida, de sus inquietudes, de sus bloqueos, de mis miedos, de miembros viriles, de chocolate, de Morgan Freeman (ella jura y perjura que nos cruzamos con él), de hacer cortometrajes, de nuestros pelos, de hacer fotos, de mi calamar gigante, de libros.
Le compra, en los últimos minutos de El Corte Inglés, a Iván (el susodicho) un libro que ella leyó en mi casa. Un libro que todo el mundo debería tener y que gracias al cielo (y al buen criterio y al amor fraternal) mi hermano me regaló estas navidades. Ya haré un must to have. Fuimos a un pequeño restaurante, tetería o yo qué sé qué, que era muy agradable. Me quedo con el nombre, impreso en una tarjeta con un limón enorme (los cítricos, me persiguen) y pienso en volver. En llevar a quien quiera venir.
Con la coctelera tan revuelta, me da que no escribo como quiero, que escribo con miedo, como si no fuera a funcionar. Es humano. y yo tengo paciencia.
Y ahora me tengo que ir, esta vez me pongo en marcha, me ducho, me aseo, me intento poner guapa, decente y fotogénica. Tengo apilados un montón de libros y cuadernos para llevarme a la sesión. Y tengo muchas ganas de que todo esto salga.
Qué tengo, qué tengo, que tengo de tó.

8 feb 2007 | 02:27 PM
Llego un poco tarde a este post también, pero al menos llego qeu ya es bastante xD
Fotos, libros y cuadernos, Auster, amigos y miembros viriles... Suena a tarde de buena amistad, de amistad de verdad :)
Enhorabuena, calamar!!!
Fuerza y honor.