Y con esto, Murakami, simplemente, me desarma. Y mira que es un diálogo tonto. Pero es que perfilar los personajes así, de una forma tan sencilla... me mata.

- Eres siempre tan sensato que acabas deprimiendo al personal. Estoy borracha porque me da la gana. ¿Pasa algo? Y, aunque lo esté, puedo subirme a los árboles. ¡Eso es! Me subiré a uno muy, muy alto y me haré pipí encima de la gente, como si fuera una cigarra.

- ¿No será que tienes ganas de ir al baño?

- Sí.

Porque con la pregunta que hace el protagonista a Midori (la loca que quiere mear desde lo alto), define al personaje, lo perfecciona, establece a la perfección lo que hay entre los dos.

En serio, este libro hay que leerlo. Ayer en el Corte Inglés busqué lo que tenían y sólo estaba Kafka en la Orilla, que es un libro tochísimo y carísimo. Pero lo acabaré comprando, casi seguro.

Y para las fotos, me he vestido de naranja y verde, me he colocado un broche de fieltro, he hecho una maleta pequeña (pero muy pesada) de las cosas que quiero que salgan porque me definen y porque yo lo valgo, me he pintado un poco los ojos, un poco los labios, un poco los mofletes (nada putón, lo básico para estar aparente), y me siento a esperar que aparezca un Renault no sé qué por el cruce.

Nerviosilla.