La chica del tiempo
Al entrar en el centro me compré una mitad de sandwich de paté y un nosequé relleno de jamón y queso. Mientras esté relleno, qué importa. Merendar sin Lucía no es lo mismo. Como no puedo esconderme en el armario, dejo el sandwich tras el mostrador y voy dando pellizquitos. Y claro, como estoy merendando y estoy sola, a la gente le da por entrar, querer probarse, querer mirar y querer comprar. Yo encantada, claro.
En mitad de todo el jaleo, con clientes haciendo cola (es la cruz que llevamos los dependientes solitarios, aquí es todo o nada), aparece un señor y se dirige a grito pelado hacia mí.
- ¡El reloj sigue estando atrasado!
- ¿Disculpe?
- ¡El reloj de fuera, el del pasillo! Ya se lo he dicho a tu compañera de por la mañana.
- Entiendo...
- Hay que decírselo al de mantenimiento, ¡es importante!
- Pues si le veo le diré...
- ¡Es que son y media y pone que son y veinte!
Siento pavor y luego pena, por ese orden. Lo primero porque me grita mucho, se acerca y gesticula violentamente. Le va la vida en ello y está claro que me ha tomado como culpable de todos sus males. Los ojos se le salen de las órbitas, yo dibujo las facciones de su cara como si fueran los engranajes de un reloj de pared y veo cómo saltan tuercas y tornillos. Lo segundo porque me doy cuenta de que es como la señora que vive debajo mía, cuya única ilusión es que el cubo de la basura esté fuera y dentro a las horas que debe. Este señor tiene por motor de su vida y de su felicidad entrar en este centro, sin intención de comprar, para controlar que los relojes están en hora. Para luego indignarse, y venir aquí a reclamar. Porque claro, a quién si no, que yo soy la dependienta de la tienda de relojes, faltaría más. Creo que él debe pensar que lo mío es vocacional, que los relojes son mi vida y mi muerte, que sufro cuando ellos sufren y llego tarde cuando están atrasados.
No, señor; yo siempre llego temprano, al menos diez minutos; los relojes de mi tienda están puestos en hora pero cada uno a la suya; y no sé quién es el de mantenimiento ni me importa.
Espero que no vuelva de nuevo. O mejor, que venga. así puedo hacer el capítulo dos de este post.
Estoy taaaaaaan aburrida.

9 feb 2007 | 06:12 PM
En serio, me ha dado miedo.
9 feb 2007 | 06:35 PM
Fascinante, entro a editar un poco esto, que está lleno de erratas... y mi artículo no aparece. No es la primera vez ni será la última así que me quedo aquí sin más, intentándolo de vez en cuando.
Disculpen las erratas, pues.
9 feb 2007 | 07:07 PM
no me extraña que te dé miedo.
post guapísimo. qué bien escribes cuando te aburres. (y cuando no te aburres también).
9 feb 2007 | 07:08 PM
Gracias, encanto.
:)
9 feb 2007 | 08:10 PM
Es increible como sacas un post de cualquier tontera que te pasa...
Saludos Pretty Eyes!
9 feb 2007 | 08:22 PM
¿A qué te refieres con cualquier tontería? este blog trata de cosas de vital importancia...
:P
9 feb 2007 | 09:01 PM
Umm, por fín, parece que me va a dejar comentar.
Vaya rollo, cómo está la cocte...
A mi ayer me pasó lo mismo con la edición. Al final escribí en word y cuando pegué se juntaban palabras y no podía separarlas, se habían hecho siamesas...
María, mariquilla, no te aburras que ya no te queda ná.
Es que trabajar es un coñazo!. Y se gasta tanta energía...
Yo cuando me aburro en el curro y tengo un ratín de asueto me meto a ver que me cuentas. Y me alegras un rato. Eso sí es un poco peligrosín...
Besitos, me da mucha penita que no te puedas venir a Barna.
9 feb 2007 | 09:49 PM
Me alegro de servirte de escape en el curro, guapa. A mí también me da mucha penita no ir a Bcn, otra vez será. Me quedo en tierra esperando vuestras crónicas!
:)